Dales a tus pies el máximo confort y una forma de caminar que les resulta natural: descalzos. Pásate a los zapatos barefoot y aprende a caminar correctamente con ellos.
Caminar descalzo es algo tan natural como respirar, pero hoy en día ya no estamos acostumbrados. La mayoría seguimos encerrando los pies en calzado estrecho y rígido, con suelas gruesas y a menudo también con tacón. Así que, lógicamente, el pie se atrofia y, al pasarse al barefoot, puede llevarse un pequeño shock. Pero dadle tiempo, armaos de paciencia y veréis que, al cabo de un tiempo, os enamoraréis de los zapatos barefoot y ya no querréis quitároslos.
Resistid la tentación de deshaceros de golpe de todos los zapatos que tenéis en casa y sustituirlos por varios pares barefoot. En cuanto caigáis rendidos al encanto de caminar descalzos, lo más probable es que no os apetezca volver atrás; aun así, conviene no tener prisa. Primero, vuestros pies cambiarán un poco y es muy posible que, pasado un tiempo, tengáis que pasar a una talla mayor. Segundo, necesitáis descubrir qué marcas concretas os van mejor, porque difieren entre sí en el ancho de la puntera o, por ejemplo, en la altura del empeine.

Los pies que han estado años encerrados en calzado convencional suelen necesitar tiempo para “despertar”. Es parecido a cuando calientas los músculos antes de un entrenamiento exigente en el gimnasio. Si queréis evitar dolor en los pies, las rodillas o incluso la espalda, permitid que vuestros músculos y tendones, acomodados por la falta de uso, se acostumbren poco a poco y ganen la fuerza necesaria. Al principio, mejor evitad las aceras de ciudad, que exigen más amortiguación al pie. En cambio, llevad los barefoot más bien por terreno suave, donde los pies reciban estímulos variados y, gracias a ello, aguanten distancias más largas.
Caminar más despacio, con conciencia debería convertirse en vuestro mantra diario. Para que los pies respondan bien al terreno, hace falta reducir un poco el ritmo. Notad cómo apoyáis el pie suavemente en el suelo, cómo pisáis con toda la planta y, en el siguiente paso, cómo despegáis primero el talón y solo después os impulsáis con los dedos. No os olvidéis de respirar de forma rítmica para evitar el molesto pinchazo en el costado izquierdo; recordad también la alineación general del cuerpo, que debería estar bien erguida, y prestad atención a los músculos que activáis al caminar.

Al hacer la transición al calzado barefoot, los músculos de los pies y de las piernas empezarán a fortalecerse, y podéis notar una ligera molestia, igual que después de ir al gimnasio. Vuestros pies pueden relajarse al caminar con plantillas sensoriomotoras y terminar el día con calcetines sensoriomotores estimula el riego sanguíneo de los pies, mejora la circulación y ayuda a relajar músculos y fascias. Si tenéis dedos en martillo o hallux, podéis ayudaros con separadores de dedos de silicona.
Para que vuestros pies se despierten por completo y aprendan a funcionar como les resulta natural desde el punto de vista evolutivo, también os vendrán bien ejercicios específicos para activar la musculatura. Se recomienda especialmente si lidiáis con alguna deformidad: ya sean dedos en martillo, juanetes muy marcados o un arco plantar muy caído. Aunque a veces basta con fortalecer solo los pies, en otros casos tendréis que centraros en todo el cuerpo; por ejemplo, cuando hay molestias en la columna cervical.
¿Lleváis ya unas cuantas semanas poniéndoos barefoot, intentáis caminar de forma consciente y aun así seguís con un dolor notable —o incluso cada vez mayor— en los pies o la espalda? Entonces no lo dejéis pasar y acudid a un fisioterapeuta o podólogo (en el enlace encontraréis especialistas con los que naBOSo colabora desde hace tiempo). Evaluarán no solo vuestros pies o vuestra forma de caminar, sino también la postura general del cuerpo, y os aconsejarán en qué trabajar para mejorar vuestro estado.

Antes de renovar vuestro zapatero, no olvidéis valorar vuestro estado de salud general o, si procede, consultad primero vuestras intenciones con vuestro traumatólogo o fisioterapeuta. El calzado barefoot no es adecuado para todo el mundo. En general, los especialistas recomiendan evitarlo en algunos diagnósticos neurológicos u ortopédicos, ya que podríais provocaros una lesión al caminar.

Aunque la transición al calzado barefoot, sobre todo al principio, es un poco como ir al gimnasio, no os desaniméis por los primeros tropiezos. Prestando atención a las señales de incomodidad, al cansancio de las piernas o a una ligera molestia, no os dé reparo utilizar ayudas correctivas que hoy existen en el mercado y, desde luego, no os sobrecarguéis. Si sois pacientes y le dais tiempo al cuerpo, veréis que poco a poco os acostumbraréis a los zapatos nuevos.
¿Hacia dónde os llevarán vuestros pasos?

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