Selección y mantenimiento de botas
Os mostramos cómo proteger vuestros zapatos de la humedad, la sal y las heladas para que duren el máximo tiempo posible y mantengan sus propiedades.
El invierno exige mucho a los zapatos barefoot. Nieve, sal, humedad y heladas: todo ello pone a prueba no solo los materiales de vuestro calzado, sino también vuestra paciencia.

Todo empieza con una buena elección. Para condiciones invernales más exigentes, apostad por zapatos con membrana o por modelos de piel con forro, que os protegerán de la humedad y el frío. Pero ojo: incluso las mejores botas de invierno necesitan cuidados regulares. Basta con seguir unas cuantas reglas sencillas y vuestros barefoot os acompañarán fielmente durante varias temporadas de invierno.
Consejo naBOSo: ¿Pies fríos en invierno? El problema puede estar tanto en una talla incorrecta como en unos calcetines poco adecuados. Leed el artículo ¿Se os enfrían los pies en invierno con zapatos clásicos? Con barefoot no.

La nieve, el hielo derretido y el barro invernal acabarán entrando en los zapatos tarde o temprano. Y en cuanto el material se humedece, empieza a perder sus propiedades aislantes. ¿El resultado? Pies fríos y una vida útil mucho más corta para vuestros barefoot.
La impermeabilización protege el calzado de la humedad y la suciedad, por eso no debería faltar en vuestra rutina (no solo) de invierno. Una opción excelente es COLLONIL CARBON PRO, apto para todos los materiales, incluidas las membranas, y crea una barrera protectora invisible en la superficie. Aplicarlo con regularidad, idealmente una vez por semana o después de cada limpieza, mantendrá vuestros zapatos en plena forma.
Y una cosa más importante: alternad el calzado. La piel necesita tiempo para regenerarse, así que si lleváis siempre el mismo par, se desgastará antes. Lo ideal es tener al menos dos pares e ir alternándolos día sí, día no.
Cuando volváis a casa por la noche con los zapatos empapados, no los dejéis tirados en el recibidor. Sacad las plantillas, rellenadlos con papel de periódico arrugado o colocad hormas de madera y dejad que se sequen al aire a temperatura ambiente.
¿Radiador? Mejor evitadlo. El calor directo puede provocar grietas. Si están muy mojados, contad con que el secado natural tardará aproximadamente dos o tres días. La paciencia merece la pena: vuestros zapatos os lo devolverán con una mayor durabilidad.

Las aceras con sal en invierno son lo habitual. Por desgracia, la sal de carretera y los productos químicos de deshielo pueden hacerle mucho daño a vuestro calzado. Dejan antiestéticas manchas blancas, resecan la piel y, con el tiempo, pueden dañar el material de forma irreversible.
¿Qué hacer? Cada noche —sí, cada noche— limpiad bien los zapatos con un paño húmedo. Basta con agua limpia o, como mucho, una gota de jabón suave. Lo importante es no dejar que la sal se seque de un día para otro. En el caso de los barefoot de piel, además, aplicad con regularidad cremas o ceras nutritivas que protegen la piel y la mantienen flexible.
Consejo naBOSo: ¿Cómo limpiar y cuidar correctamente distintos materiales? Lo descubriréis en el artículo Con el cuidado adecuado, los zapatos barefoot os durarán años. Solo hay que saber cómo.
La combinación de heladas, aire seco en interiores y sal en la superficie del calzado es, literalmente, un desastre para la piel. El material pierde su humedad natural, se vuelve frágil y con el tiempo puede agrietarse.
Por eso, dadles a vuestros zapatos de piel una dosis regular de nutrición. La piel lisa aguanta más que la serraje; con la piel charol, sed prudentes y elegid productos específicos. Para un cuidado profundo de la piel lisa, funcionan muy bien el bálsamo incoloro RENAPUR o la cera. Si queréis impermeabilización y nutrición en un solo paso, usad COLLONIL CARBON WAX, apto tanto para piel lisa como para serraje.
En verano los zapatos se airean; en invierno, no tanto. La humedad en el interior, combinada con el calor de los pies, crea el entorno ideal para las bacterias, y ellas son la fuente del mal olor.
Después de cada uso, airead bien los zapatos y sacad las plantillas para dejarlas sueltas. Como prevención, podéis usar las bolsitas SMELLWELL ORIGINAL, que se meten dentro del calzado durante la noche: absorben la humedad y los olores. Otra opción es el desodorante para zapatos COLLONIL BREEZE, que ayuda activamente a prevenir la aparición de olores.
Cuando llegue la primavera y colguéis los barefoot de invierno, no os olvidéis de un último pequeño ritual de cuidado. Limpiadlos a fondo, impermeabilizadlos y dejad que se sequen bien. Solo entonces guardadlos en un lugar seco y con buena ventilación, idealmente con hormas o papel arrugado dentro para que mantengan la forma. Encontraréis más consejos prácticos sobre cómo guardar el calzado en el artículo 5 consejos para guardar los zapatos correctamente y poner orden en el zapatero.
El cuidado invernal del calzado barefoot requiere un poco más de atención que en verano, pero desde luego no tiene ningún misterio. Basta con crear un ritual sencillo por la noche: limpiar la sal y la suciedad, airearlos y, si hace falta, impermeabilizarlos. Unos minutos dedicados a un cuidado regular se os devolverán con creces en forma de zapatos que os darán alegrías temporada tras temporada.

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