¿Qué significa exactamente la valgosidad? ¿Se puede hacer algo al respecto? ¿Cómo y cuándo aparece? Vamos a entender a fondo el tobillo valgo.
Un término muy habitual en las salas de espera de fisioterapeutas, pediatras, podólogos y traumatólogos es el tobillo valgo. Este fenómeno afecta tanto al pie como a todo el aparato locomotor, por eso es importante no restarle importancia desde los primeros pasitos de nuestros peques. Y si la valgosidad os afecta también a vosotros y pensabais que ya es tarde para abordarlo… no, no lo es.

La posición no natural del tobillo suele verse a simple vista. En una alineación correcta, el hueso del talón queda perpendicular al suelo. La valgosidad significa una inclinación del calcáneo, más concretamente hacia dentro. La gravedad se valora según el ángulo de inclinación. Si no se trata, puede ser doloroso y llevar a otras lesiones.
A menudo se confunde la valgosidad con el concepto de pie plano, que se debe al descenso del arco plantar. Ambos fenómenos pueden estar relacionados, pero no necesariamente; en cualquier caso, en los dos es clave la prevención y acudir a tiempo a un profesional.

Causas:

Cada madre y padre se ilusiona con cada nuevo hito del desarrollo de su peque: la primera sonrisa, el primer giro, sentarse por primera vez, gatear… y, por supuesto, caminar. En el primer año de vida se producen los cambios más marcados. Los primeros pasos son, sin duda, uno de los grandes hitos. De repente el peque empieza a descubrir el mundo a su manera, llega donde necesita… y los padres no paran. Lo sabemos.

En el desarrollo psicomotor, antes de caminar es muy importante levantar la cabeza estando boca abajo. También tiene un gran valor el siguiente avance: gatear a cuatro patas, que fortalece el core. Así, el sistema de estabilización se prepara para los primeros pasos y para el desarrollo posterior.
Otro aspecto ante el que conviene estar atentos es la postura favorita de muchos niños: sentarse en W. Si vuestro peque se sienta así a menudo, prestad atención, corregidlo y ayudadle a dejar ese hábito. En esa posición se produce una desviación no natural de caderas, rodillas y tobillos, que puede provocar dolor de cadera, problemas de motricidad y también tobillos valgos y piernas en X. En realidad, conviene estar alerta ante cualquier asimetría visible.

Un gran error que puede afectar al desarrollo natural es “ayudar” demasiado desde casa. Ya sea con distintos accesorios como saltadores y tacatás (también los andadores activos con ruedas), o sentar al bebé antes de tiempo. La semisentada en una silla de paseo deportiva puede parecer inofensiva, pero si el peque aún no se sienta por sí solo, incluso esa semisentada forzada es inadecuada a nivel de desarrollo. La intervención de los padres no debería ir más allá de lo que el niño puede hacer por sí mismo. Aguantad. A veces tarda, pero llega.

Cuando el peque empieza a caminar, es normal que presente tobillos en valgo y las piernas en O. No os asustéis: es algo habitual. Hacia los tres años, la alineación suele corregirse. Los médicos a menudo aconsejan: esperad hasta los tres años y luego vemos qué hacer. Pero si algo no os cuadra o la alteración es evidente, no esperéis y acudid cuanto antes a un profesional. Las desviaciones del desarrollo natural pueden detectarse ya tras medio año caminando.
Un “error” clásico y muy típico es llevar al niño de las manos. Si necesitáis ayudar a vuestro peque, sujetadlo por debajo de los hombros. Lo ideal, sin embargo, es dejar que descubra el mundo a su manera. Los niños encuentran el camino: caminan junto a la pared, alrededor de la mesa, apoyándose en los muebles o con un juguete en la mano, que puede actuar como estabilizador.

Entonces, ¿qué pueden hacer los padres? Disfrutar de cada avance y observar si aparece cualquier anomalía. Si no estáis seguros de algo, acudid a un fisioterapeuta pediátrico. Mejor una visita de más que pasar algo por alto.
Acudid a un profesional: es la base ante cualquier problema. Para eso están. Un fisioterapeuta puede recomendaros ejercicios concretos para fortalecer la musculatura de las extremidades inferiores y así mejorar la estabilidad general de la articulación. Otra opción son plantillas ortopédicas personalizadas, que ayudan a mejorar la posición del talón y activan de forma activa los músculos que hay que fortalecer. Un calzado adecuado debe ajustar bien en el talón. El refuerzo del contrafuerte, es decir, la parte trasera del zapato que rodea el talón, es importante para caminar correctamente. Ojo: no es lo mismo que “sujetar el tobillo”; eso no es necesario.

¿Qué decir para terminar? Observad a vuestros hijos y apoyad su desarrollo natural. Dejad que descubran el mundo a su manera y a su ritmo. Os lo devolverán con una alegría infinita y con la sonrisa más adorable. Si observáis cualquier desviación y algo no os convence, no esperéis y pedid cita con un profesional.
Y si la valgosidad os preocupa a vosotros, aplica lo mismo. Visitar al fisioterapeuta, hacer ejercicios con regularidad y llevar el calzado adecuado puede marcar una gran diferencia. Nunca es tarde.
¿Y sabéis qué? Probadlo naBOSo. :-)

Este artículo se ha creado en colaboración con la fisioterapeuta Edita Prošková, con quien grabamos sobre este tema el PODCAST: Tobillos valgos y rodillas en X.

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