Niños descalzos Caminar, movimiento y salud
¿Cómo se desarrolla correctamente y de forma saludable el pie de un bebé? Se lo preguntamos a la fisioterapeuta Michaela Kačírková, autora del libro Pohybový vývoj dítěte s láskou a respektem.
Cuando hablamos del desarrollo del pie infantil, la mayoría de la gente se imagina a un bebé ya de pie o caminando. Sin embargo, la preparación del pie para sostenerse de forma autónoma empieza mucho antes, no solo en el momento en que el niño o la niña se pone de pie por sí mismo. ¿Qué ocurre antes y cómo podéis influir positivamente en la futura marcha de vuestro hijo o hija incluso antes de que se ponga de pie?
En el momento en que una mujer se queda embarazada, el feto empieza a desarrollarse bastante rápido. Desde la unión del espermatozoide con el óvulo, en apenas cuatro semanas comienzan a formarse las bases de ambas extremidades inferiores. Alrededor de la octava semana ya se aprecian en el embrión las estructuras de la extremidad inferior y del pie (en terminología, el pie se considera desde el tobillo hacia abajo) y, poco a poco, se van separando los dedos. Al final del embarazo, todas las estructuras de las extremidades (músculos, vasos, nervios) deberían estar organizadas como en una persona adulta.

Es una noticia realmente buena. Nuestra tarea es ayudar a que esos pies sigan estando sanos. Tras el nacimiento, su desarrollo se ve influido por muchos factores. Es clave la calidad del desarrollo psicomotor, es decir, la calidad de los patrones de movimiento. Se trata de cómo se mueve el bebé en cada etapa, porque los pies forman parte del desarrollo global y evolucionan a la vez que el resto del cuerpo.
El resultado del desarrollo del pie —y, sobre todo, su función en la bipedestación— es directamente proporcional al desarrollo psicomotor. El desarrollo del pie forma parte de cada etapa evolutiva (patrón de movimiento). No se puede esperar un desarrollo saludable del pie si aparecen desviaciones en el desarrollo psicomotor.
El desarrollo del bebé va de la cabeza hacia abajo. Antes de que el peque se ponga de pie por primera vez, tiene que aprender muchos movimientos que preceden a la bipedestación. En un año y medio, un bebé que estaba tumbado pasa a ponerse de pie y, después, a caminar; durante ese periodo tiene que “recorrer” un gran camino y aprender muchas habilidades nuevas.

Foto: Michaela Kačírková
Tras nacer, el bebé realiza sobre todo movimientos globales, es decir, se mueve entero. No es capaz de mover de forma aislada una sola extremidad; el movimiento siempre se manifiesta en todo el cuerpo. El pie se mueve junto con toda la extremidad inferior. En la práctica, por ejemplo, significa que el bebé acerca hacia el cuerpo toda la pierna y también “acerca” el pie en el tobillo; y lo mismo ocurre a la inversa. El bebé estira la pierna y también “estira” el pie en el tobillo.
Hacia los tres meses el bebé, tumbado boca arriba, está estable y puede juntar las manos delante del cuerpo; con esa estabilidad también es capaz de levantar las piernas del suelo, volver a acercar los tobillos hacia el cuerpo y abrir los deditos de los pies. Cuando alrededor del cuarto mes el bebé agarra un juguete, podéis observar en sus pies que también los gira hacia sí e intenta como si “agarrara” el juguete.

3 meses, boca abajo. Foto: Michaela Kačírková
Tumbado boca abajo, primero empieza a levantar la cabecita —a menudo llamado “hacer el avioncito”—; después pasa al segundo enderezamiento (apoyo sobre los brazos estirados), luego se coloca a cuatro patas, donde durante unas semanas solo “rebota”, hace sedestaciones oblicuas altas y más tarde gatea a cuatro patas. Idealmente, solo después de todos estos movimientos el peque se pone de pie. Solo entonces el cuerpo está preparado para una bipedestación de calidad; después empieza a desplazarse apoyándose en los muebles, se suelta en el espacio y, al final, llega la “guinda del pastel”: caminar.
Hemos descrito el desarrollo de forma acelerada. Queríamos, sobre todo, mostrar que es imprescindible que el peque pase por todos los patrones de movimiento, porque así se prepara mejor para caminar. Si el desarrollo no se produce con calidad, se notará en la postura de pie, en la marcha y en la postura corporal.

4,5 meses, boca abajo. Foto: Michaela Kačírková
El bebé viene equipado con una serie de reflejos primitivos; uno de ellos es el reflejo de prensión en la extremidad inferior. Lo activáis cuando colocáis vuestro pulgar en la planta del pie, por debajo de los dedos, presionáis suavemente y observáis los deditos. Veréis cómo los dedos del pie “agarran” vuestro pulgar. Este reflejo funciona hasta que el niño o la niña se pone de pie de forma autónoma; después se va extinguiendo.
Desaparece solo el reflejo, pero la función de prensión del pie continúa, con la diferencia de que el peque, en esencia, “agarra” el terreno por el que camina. Por ejemplo, si está de pie sobre una piedra redondeada, el pie la “abrazará”. Así el niño o la niña mantiene mejor la estabilidad y no se cae.

Foto: Michaela Kačírková
Dadle al bebé tiempo suficiente para moverse; no le metáis prisa para que haga ya este o aquel movimiento. Mejor creadle condiciones adecuadas para que pueda “entrenar” el desarrollo por sí mismo.
No aceleréis el desarrollo: no sentéis al bebé, no le pongáis vuestras manos detrás de sus pies para que se impulse y se arrastre, no lo pongáis de pie, no lo llevéis de las manos..
Dadle al bebé espacio suficiente para el movimiento libre y natural. “Entrenad” el movimiento colocándolo boca arriba, de lado y boca abajo (boca abajo solo cuando esté despierto, para prevenir el síndrome de muerte súbita del lactante). Cread condiciones adecuadas para moverse, como tiempo suficiente sobre una superficie antideslizante que no le impida probar movimientos nuevos, etc.
En general, no limitéis el movimiento del peque.

Pocos accesorios favorecen de verdad el desarrollo natural del bebé. Suelen ayudar más a los padres que a los niños; en ellos, por lo general, el movimiento se limita.
Reducid el uso de accesorios en los que el peque está en posición encogida. Evitad también encadenar varios accesorios uno tras otro (hamaca, fular, mochila portabebés, silla de coche…). Usad la silla de coche solo en el coche y para desplazarse con seguridad del punto A al punto B; es un elemento de seguridad. Colocad al bebé en la hamaca solo el tiempo estrictamente necesario; mejor optad por un moisés tipo “cesta de Moisés”.
Recomendamos no usar, idealmente, los accesorios que “no le sientan bien” al desarrollo y al pie. Aquí entran, por ejemplo, los asientos, los tacatás, llevar en fular/mochila mirando hacia delante, los andadores para arrastrarse, etc.

Elegid la talla adecuada de calcetines: que no limite el movimiento del pie, no junte los deditos y no apriete en la zona del tobillo. Evitad los sujetacalcetines, que aunque mantienen el calcetín en su sitio, limitan el movimiento de los pies.
Poned zapatos solo cuando el niño o la niña camine de forma autónoma. Hasta entonces no hacen falta zapatos para el carrito o la mochila portabebés; para eso bastan unos cubrepiés. Cuando el peque ya camina y vais a elegir calzado, también es importante intentar mantener la máxima naturalidad del movimiento. Elegid zapatos que respeten la forma anatómica del pie, sean flexibles y ligeros. Yo recomiendo a las mamás capáčky y, después, zapatos barefoot.
Jugad con el peque y también con sus pies. El juego es importante para el desarrollo psicomotor global del niño o la niña (en realidad, el juego es importante a cualquier edad). Me refiero a que, cuando miráis al bebé, le habláis, jugáis con sus manitas o le acariciáis la barriguita, no os olvidéis de cogerle también los pies, masajearlos, masajear dedo por dedo, apoyar sus pies en vuestra cara y acariciarlos. Solo cuidado con las cosquillas: puede que al bebé no le resulten agradables.

El desarrollo saludable del pie infantil no consiste solo en elegir los zapatos adecuados. Es un proceso que empieza ya en el periodo prenatal y continúa a través de cada patrón de movimiento que vuestro hijo o hija adquiere durante el primer año y medio de vida. Recordad que el pie no es una parte aislada del cuerpo: forma parte de todo el sistema de movimiento. Si le dais a vuestro bebé tiempo y espacio suficientes para moverse de forma natural, respetáis su ritmo y evitáis accesorios innecesarios, le estaréis dando el mejor comienzo para unos pies sanos para toda la vida.

El artículo se ha elaborado en colaboración con Bc. Michaela Kačírková – fisioterapeuta infantil desde el nacimiento. En su práctica utiliza conocimientos del método Vojta y del concepto Bobath. Es coautora del libro Pohybový vývoj dítěte s láskou a respektem (fyzioterapeutky dětem), autora del curso práctico Pro zdravý vývoj miminka y fundadora del proyecto Dětská fyzio máma.
* esta información se aplica a niños y niñas sanos; si el peque tiene un problema neurológico u ortopédico, consultad de forma individual con el médico responsable o con un fisioterapeuta pediátrico

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