Descubrid qué les hace el verano a vuestros pies y cómo cuidarlos bien: desde la higiene en la piscina hasta los talones agrietados o la elección del calzado adecuado.
El verano es una época exigente para nuestros pies. Por la mañana, bailarinas para ir a trabajar; por la tarde, sandalias para tomar un café o ir con los peques a la piscina; por la noche, un paseo por el paseo fluvial recalentado. Suena a día de verano perfecto… pero para los pies, en realidad, es una buena carga.
Por eso nos hemos unido a la podóloga Bc. Kateřina Malá para contaros qué les pasa a los pies en verano, en qué conviene fijarse y cómo darles un respiro incluso con calzado abierto.
Precisamente en los meses de verano, los pies sufren más que en cualquier otra época del año. Se alternan calor y humedad, llevamos calzado abierto o caminamos descalzos… y todos estos cambios suponen una prueba bastante dura para los pies.
Además, los pies nunca funcionan de forma aislada. Son la base del movimiento y les afecta toda una serie de factores: desde la forma del pie, pasando por la manera de caminar, hasta el calzado que llevamos a diario. «En mi consulta me encuentro con frecuencia con personas a las que les preocupa el dolor en los pies, las uñas encarnadas o las rozaduras. No me centro solo en los síntomas visibles, sino que junto con el cliente buscamos la causa real», dice Kateřina Malá.
El cuidado de los pies en verano no es ningún lujo: es la base para caminar con comodidad, prevenir el dolor y ganar confort en el día a día. Y, de paso, lucir pies bonitos y sanos en sandalias.
El calor y la humedad crean el entorno ideal para que proliferen bacterias y hongos. «Lo veo sobre todo en personas que llevan todo el día calzado cerrado sin calcetines, porque así se sienten más a gusto», describe Kateřina.
La base de la prevención es una rutina sencilla: lavado regular de los pies y secado a conciencia, especialmente entre los dedos. Precisamente entre los dedos es donde la humedad se mantiene más tiempo y donde con más frecuencia aparecen las micosis.
También es importante elegir bien los calcetines. Los más adecuados son los de materiales naturales, como el algodón o el bambú, porque, a diferencia de las fibras sintéticas, evacuan mejor la humedad de la piel y dejan que el pie «respire».
No os olvidéis tampoco del cuidado del propio calzado. También necesita tiempo para airearse y secarse, así que en verano conviene tener más pares e ir alternándolos. Ayuda también la desinfección regular: por ejemplo, el spray antiolor y absorbente Collonil o las bolsitas secantes, que extraen el exceso de humedad del zapato y limitan la proliferación de bacterias y hongos.
El verano también trae consigo pasar tiempo en piscinas. Allí caminamos descalzos sobre baldosas mojadas, compartimos el espacio con decenas de personas y eso convierte estos lugares en zonas de riesgo para el contagio de hongos y de virus que causan verrugas. El ambiente húmedo y cálido alrededor de las piscinas es un caldo de cultivo ideal, y el pie sin protección queda expuesto con facilidad.
Por eso merece la pena llevar chanclas propias: no solo por higiene, sino también para protegerse de pequeñas heridas. Antes de iros a casa desde la piscina, es recomendable tratar los pies con un desinfectante.
Tip naBOSo: para niños tenemos en la oferta unas zapatillas de agua especiales, que protegen los pies del suelo caliente y de pequeñas lesiones. Cómo funcionan en la práctica lo descubriréis en nuestra reseña RAYVE SPLASHSAFE: Zapatillas de agua que protegen los pies en la piscina y en el mar.

La piel de los talones es naturalmente más gruesa que la del resto del cuerpo, porque amortigua los impactos. Pero si se expone durante mucho tiempo a una presión mayor, responde formando una capa córnea más gruesa como protección natural. En verano contribuyen además caminar descalzos, llevar durante horas calzado abierto sin sujeción del talón, el calor, bañarse en agua clorada o salada y estar sobre arena recalentada. La piel pierde su hidratación natural, se vuelve menos elástica y, con la carga, puede empezar a agrietarse. Primero aparecen pequeñas fisuras que, sin cuidados regulares, pueden ir profundizándose hasta convertirse en grietas dolorosas. No es solo una cuestión estética: las grietas profundas duelen a cada paso y son una puerta de entrada para bacterias y otras infecciones.
El cuidado regular en casa es la base: tras el baño, secad los pies y aplicad una crema adecuada, idealmente hidratante con urea. «Tratar los talones con piedra pómez es más eficaz sobre piel seca que después de un remojo largo: así la piel se “desgarra” menos y responde mejor a una eliminación suave de la dureza», recomienda Kateřina Malá, y añade que es mejor evitar las cuchillas, que pueden dañar la piel. Si las grietas son profundas o vuelven una y otra vez, no dudéis en poneros en manos de un profesional, que ayudará con el tratamiento y recomendará productos a medida.
foto: Kateřina Malá
Una de las causas frecuentes de las uñas encarnadas es cortarlas mal: demasiado redondeadas o demasiado cortas. En verano el problema suele empeorar porque los pies se hinchan de forma natural, sudan más y permanecen húmedos durante más tiempo. En combinación con calzado estrecho o cerrado, aumenta la presión sobre la uña y esta puede empezar a encarnarse.
Lo básico es cortar las uñas rectas y no dejar los bordes demasiado cortos. Conviene cortarlas más bien después de lavar los pies o tras un baño corto, cuando están ligeramente reblandecidas. Si aun así aparece el problema, no es buena idea esperar a que el dolor impida caminar: la podología moderna ofrece métodos de corrección suaves, por ejemplo ortesis (brackets) para uñas, que ayudan a guiar la uña de vuelta a un crecimiento correcto.
Las uñas encarnadas y las rozaduras suelen tener en verano un culpable común: la hinchazón de los pies tras días de calor. Vamos a verlo más de cerca.
Con el calor, los vasos sanguíneos se dilatan de forma natural y los pies pueden hincharse ligeramente. Quizá os suene esa situación en la que unos zapatos que por la mañana iban perfectos, por la tarde de repente aprietan. El pie puede aumentar durante el día incluso varios milímetros y, precisamente por eso, con un calzado inadecuado aparecen rozaduras con más facilidad. Del mismo modo, pueden apretar los calcetines, dejando marcas en la zona de los tobillos y dificultando el correcto flujo de sangre y linfa.
Por eso es buena idea probar el calzado nuevo más bien por la tarde o por la noche, cuando los pies están más cargados y su volumen es mayor. Apostad por calzado con espacio suficiente para los dedos y materiales flexibles, para aseguraros comodidad durante todo el día, incluso si el pie aumenta un poco.
Además de elegir bien el calzado, para reducir la hinchazón ayudan también algunos hábitos sencillos a lo largo del día.
En los meses de verano, la hinchazón de pies es un problema frecuente. Puede ayudar beber suficiente, moverse con regularidad y evitar estar mucho tiempo sentado o de pie. Si tenéis un trabajo sedentario, intentad al menos una vez por hora levantaros, dar un pequeño paseo y activar las piernas. Siempre que sea posible, elevad los pies durante el día, por ejemplo apoyándolos en una silla.
También alivia una ducha templada a más fresca desde los pies hacia las pantorrillas. Evitad la ropa demasiado ajustada y, si la hinchazón es más habitual, valorad usar medias o calcetines de compresión, que favorecen el retorno venoso.
Si la hinchazón os preocupa de forma regular también fuera del verano, o es marcada y dolorosa, conviene consultarlo con un médico. Recomendaciones básicas también podéis obtener a través de la consulta venosa online.

El verano es una época ideal para caminar descalzos, tanto para pies adultos como infantiles. Las superficies naturales estimulan las terminaciones nerviosas, activan los pequeños músculos del pie y ayudan a mejorar la estabilidad y la percepción del propio cuerpo.
Pero ojo con el terreno. Caminar sobre asfalto recalentado puede causar quemaduras, y las piedrecitas afiladas suponen riesgo de lesión. Entonces, ¿dónde es mejor ir descalzos? La hierba, la arena o los caminos de bosque son opciones ideales, y cuanto más variada sea la superficie, mejor para el pie y el sistema nervioso.
Si os interesa cómo empezar de forma segura con la marcha descalza en niños, echad un vistazo a nuestro artículo Pies descalzos en verano: cuándo beneficia y cuándo es mejor optar por zapatos barefoot.
Los ratos sin zapatos son lo mejor que podemos ofrecer a los pies en verano, pero tampoco vamos descalzos todo el día. Así que queda la pregunta: qué calzado elegir para el resto del día para acercarnos lo máximo posible a la sensación de caminar descalzos.

Aún más importante que elegir el tipo de calzado es escoger la talla correcta, que ayuda a prevenir rozaduras y uñas encarnadas. En los zapatos barefoot hay que contar con el llamado margen, es decir, espacio extra en la parte delantera para que los dedos tengan sitio suficiente y puedan trabajar de forma natural al caminar. Cómo medir bien el pie y qué margen elegir lo descubriréis en nuestro artículo Cómo medir correctamente el pie y por qué los zapatos barefoot necesitan margen.
Aunque las chanclas y las flip-flops sean el símbolo del verano, si se llevan todo el día pueden sobrecargar los pies. Los dedos tienen que sujetar el calzado constantemente, lo que cambia el patrón de marcha: los dedos se encogen de forma inconsciente y eso puede provocar fatiga de los pequeños músculos del pie o la aparición de rozaduras y ampollas. Para llevar durante más tiempo, recomendamos mejor optar por sandalias con tira alrededor del tobillo o del talón, que se mantienen firmes en el pie y no cargan tanto los dedos.
En verano, los pies descansan mejor con calzado barefoot transpirable: tienen más espacio, “respiran” mejor y sudan menos. Así se crea un entorno más agradable que reduce el riesgo de micosis y problemas de uñas, y el pie puede trabajar de forma natural y libre.
Además de consejos de cuidado, Kateřina compartió con nosotros modelos concretos que ella misma usa en verano y recomienda.
«En verano, lo que más elijo son las sandalias KOS o VERONA de la marca GROUNDIES», dice Kateřina. GROUDIES KOS son sandalias unisex de piel con suela fina y flexible y tiras ajustables sobre el empeine y alrededor del talón, gracias a las cuales se adaptan muy bien a la forma del pie. Están disponibles en un elegante negro o en color coñac, para que elijáis según lo que mejor encaje con vuestro armario.
GROUNDIES VERONA son unas sandalias barefoot elegantes de piel lisa o vegana, con un diseño minimalista que combina fácilmente con el armario de verano. Las tiras suaves y elásticas alrededor del talón sujetan el pie de maravilla. Gracias al material agradable, son un calzado ideal para días de verano, paseos urbanos y para llevar todo el día.
Para días calurosos en los que necesita un zapato cerrado y a la vez cómodo, recurre a LEGUANO AMALFI: unas zapatillas barefoot de mujer de tejido suave y transpirable adornadas con un delicado encaje, con suela fina y flexible. Por su aspecto elegante, son adecuadas para el trabajo y para el día a día y, además, se pueden lavar en la lavadora.
Y si algunos días de verano refresca o amenaza lluvia, se pone RAYVE RIO. El modelo Rio está fabricado en piel de ante y es una zapatilla urbana unisex que encontraréis en toda una gama de colores con estilo, para que cada cual elija según su gusto. Gracias a la plantilla suave, también es adecuada para quienes se inician en el barefoot.
Unos pies bonitos y sanos en verano se sostienen sobre tres principios sencillos: higiene regular, calzado adecuado y cuidados preventivos a tiempo con un profesional. Las revisiones y tratamientos periódicos ayudan a evitar problemas antes de que aparezcan y a mantener los pies sanos y sin dolor a largo plazo.
El verano ofrece a los pies una libertad que el resto del año a menudo no tienen: calzado abierto, caminar descalzos, más movimiento al aire libre. Pero bastan unos pequeños hábitos y un poco de atención para que esa libertad les beneficie, y no al revés. Escuchad a vuestros pies: si al caminar algo os aprieta o duele, no es una parte “normal” del verano, sino una señal de que toca cuidarlos más o, si hace falta, acudir a un profesional. Vuestros pies os lo devolverán con una pisada ligera y sin dolor durante todo el año.
El artículo se ha elaborado en colaboración con Bc. Kateřina Malá. Kateřina es podóloga y se dedica al cuidado preventivo de los pies: pedicura con aparatología, tratamiento de uñas encarnadas y con micosis, y asesoramiento para elegir calzado o plantillas adecuados. Entiende el pie de forma integral y los resultados a largo plazo llegan al combinar el cuidado profesional con un enfoque activo por parte del propio cliente. Lo que más le gusta de su trabajo es el momento en que el cliente se va no solo con alivio tras el tratamiento, sino también con la sensación de saber cómo cuidar sus pies en casa. Encontraréis más sobre Kateřina en su Instagram @nohy_sobe.

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